Se trata de ‘Callichimaera perplexa’, una especie que hasta ahora era desconocida, que data de hace 90-95 millones de años y que presenta características únicas frente a otros artrópodos marinos.
En un artículo publicado en la revista ‘Science Advances’, un equipo internacional de científicos ha anunciado el descubrimiento de esta especie de cangrejo fósil, la ‘Callichimaera perplexa’, en Boyacá (Colombia) y Wyoming (Estados Unidos). Y no se trata de un descubrimiento más: este cangrejo añade una nueva rama al árbol de la vida de los artrópodos marinos.
La quimera: un monstruo mitológico con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. Esto fue lo primero que se le vino a la mente a los paleontólogos que descubrieron a este nuevo y extraño fósil de cangrejo de 90-95 millones de años con características diferentes a las de los demás artrópodos marinos.
«Tenemos la idea de cómo es un cangrejo típico y estos nuevos fósiles rompen todas esas reglas», explica Javier Luque, autor principal y paleontólogo postdoctoral en las universidades de Alberta y Yale. «Descubrimos un tesoro de cangrejos fósiles, docenas de ejemplares excepcionalmente conservados con ojos, antenas, músculos y órganos reproductivos», agrega.
A veces es difícil reconstruir el árbol de la vida, que presenta un mapa de la evolución de los animales que conocemos hoy. Según los autores, la forma única del cuerpo de este fósil desafía la definición de cangrejo. Tiene ojos compuestos grandes, desprotegidos, un cuerpo pequeño y piezas bucales que parecen piernas. Sus grandes patas de remo son el registro más antiguo de adaptaciones de los cangrejos para nadar. «Este fósil desconcertante es como el ornitorrinco del mundo del cangrejo», apunta Luque.
Los cangrejos fosilizados, recuperados de las montañas de los Andes en Colombia, alguna vez vivieron en un mar costero poco profundo durante el período Cretácico. Los investigadores recuperaron más de 70 especímenes, junto con cientos de otros crustáceos como camarones y langostas.
Si bien los fósiles no son más grandes que una moneda, Luque explica que su excepcional grado de conservación les permitió conocer todos los detalles. «Encontramos docenas de animales, desde pequeños ejemplares de crías hasta individuos maduros. Hemos podido reconstruirlos como si estuvieran viviendo ayer».














