Un nuevo trabajo coordinado por el Grupo de Investigación en Biología del Desarrollo de la Universidad Pompeu Fabra (Catalunya, España) muestra que durante el desarrollo embrionario del cerebro del pez cebra, las células que se encuentran entre segmentos adyacentes detectan las fuerzas mecánicas generadas durante la morfogénesis para regular el equilibrio entre células madre progenitoras y neuronas diferenciadas. El estudio ha sido publicado en la revista Development.
En los vertebrados, el Sistema Nervioso Central se forma a partir de una estructura embrionaria dividida en tres vesículas cerebrales y la médula espinal. La vesícula cerebral más posterior dará lugar a derivados adultos importantes como el cerebelo y es de donde derivan los nervios craneales que inervan la cara. Durante el desarrollo embrionario, el cerebro posterior se subdivide en siete segmentos, denominados rombómeros donde se generan progenitores neuronales que darán lugar tanto a neuronas motoras como sensoriales.
Durante la segmentación del cerebro posterior, una población específica de células se encuentra en la frontera entre rombómeros. Estas células de la frontera actúan como barrera para que las poblaciones celulares vecinas no se mezclen, envían instrucciones a las células progenitoras del rombómero adyacente, y actúan como fuente de progenitores y neuronas. A pesar de que se ha visto que las señales mecánicas están cada vez más implicadas en dirigir el comportamiento celular, hasta ahora no se había demostrado cómo esto pasaba in vivo.
Ahora, el grupo liderado por Cristina Pujades en el Departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud (DCEXS) de la UPF ha investigado como estas células de la frontera son capaces de «sensar» los estímulos mecánicos y transducirlos en comportamientos biológicos específicos durante la segmentación del cerebro posterior del pez cebra.














