Las serpientes y los lagartos son reptiles del orden Squamata. Y constituyen dos subórdenes que comparten diversas características, pero que difieren en un aspecto bastante evidente: los lagartos poseen extremidades y las serpientes no. Ambos se diferenciaron hace más de 100 millones de años.

La identificación de las causas genéticas implicadas en esta pérdida de extremidades constituye uno de los enfoques del artículo intitulado Phenotype loss is associated with widespread divergence of the gen regulatory landscape in evolution, publicado por Juliana Gusson Roscito y sus colaboradores en Nature Communications. Otra vertiente del mencionado artículo, igualmente interesante, está relacionada con el mecanismo de degeneración de los ojos de ciertos mamíferos que pasaron a vivir en ambientes oscuros, debajo de la tierra.

 

“Investigamos ambos casos para intentar entender un proceso mucho más general: de qué manera los cambios en el genoma derivaron en alteraciones del fenotipo en el transcurso de la evolución”, declaró Gusson Roscito.

 

La investigadora, quien actualmente se desempeña en el Instituto Max Planck de Biología Celular Molecular y Genética, en la ciudad de Dresde, Alemania, realizó su posdoctorado en Brasil y un pasantía de investigación en el exterior con el apoyo de la FAPESP – Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo. Su beca posdoctoral estaba vinculada al Proyecto Temático intitulado “Filogeografía comparada, filogenia, modelado paleoclimático y taxonomía de reptiles y anfibios neotropicales”, coordinado por Miguel Trefaut Urbano Rodrigues en el marco del Programa FAPESP de Investigaciones en Caracterización, Conservación, Restauración y Uso Sostenible de la Biodiversidad (BIOTA- FAPESP).