A grandes rasgos, el permafrost (o permahielo) es hielo mezclado con partículas minerales y orgánicas, y en bastantes terrenos de zonas frías del mundo conforma una capa que reposa en el subsuelo. Allí está lo bastante protegida de los rayos del Sol como para que buena parte del material permanezca congelado de manera ininterrumpida durante miles o incluso millones de años. Si cantidades extensas de ese permafrost añejo se derriten, ello acarrea no solo emisiones considerables de gases con efecto invernadero, sino también el hundimiento de terrenos potencialmente edificados de los que el permafrost formaba parte.

 

El permafrost cubre una parte considerable de las tierras expuestas del hemisferio norte; no es un problema que solo afecte a unas pocas ubicaciones.

 

Los resultados de un uso pionero de la inteligencia artificial en la confección de mapas del permafrost ártico pronto podrían darles a los responsables de tomar decisiones la información clara y detallada que necesitan para predecir amenazas provocadas por el deshielo del permafrost en infraestructuras tales como oleoductos, carreteras y otras.

 

El equipo que ha empleado inteligencia artificial para confeccionar tales mapas lo encabeza Evan Thaler, del Laboratorio Nacional de Los Álamos en Estados Unidos.

 

«El Ártico se está calentando cuatro veces más deprisa que el resto del planeta, y el permafrost es un componente del Ártico que está cambiando muy rápido», destaca Thaler. «Los modelos actuales no ofrecen la resolución necesaria para permitir averiguar cómo exactamente el deshielo del permafrost está cambiando el medioambiente y perjudicando a las infraestructuras. Nuestro modelo crea mapas de alta resolución que nos dicen dónde está el permafrost ahora y dónde es probable que cambie en el futuro».