La planta piloto de MELiSSA en la Universidad de Barcelona (España) celebró ayer diez años. Ese es el tiempo que el proyecto lleva estudiando las tecnologías idóneas para reciclar residuos de misiones espaciales y convertirlos en aire, agua y alimento.
A medida que los astronautas se adentren cada vez más en nuestro Sistema Solar, tendrán que reducir la dependencia de suministros procedentes de la Tierra. La ESA y sus socios están trabajando para crear un sistema contenido que convierta dióxido de carbono, orina y materia orgánica en aire limpio, agua y alimentos, de forma continua y prácticamente indefinida. Este sistema se conoce como MELiSSA.
MELiSSA, siglas en inglés de Sistema Alternativo de Soporte Microecológico para la Vida, se divide en distintos módulos. Cada uno de ellos se ocupa de un aspecto de la conversión de moléculas indeseadas en otras necesarias para la supervivencia humana.
En la Tierra, por ejemplo, los árboles, las algas y las plantas convierten el dióxido de carbono que exhalamos al respirar en el oxígeno que necesitamos para vivir. Además de inspirarse en este tipo de procesos naturales, MELiSSA también investiga procesos químicos, filtros mecánicos y biorreactores llenos de bacterias y microalgas para desarrollar sistemas capaces de proporcionar comida, agua potable y aire limpio en el espacio.
En la planta piloto de Barcelona se construyen los módulos y se prueban para validar cada etapa de este ciclo estanco. Una vez confirmado que un elemento funciona según las necesidades, se puede combinar con la siguiente etapa, enviando las moléculas por una serie de tubos hasta la siguiente estación, ya sea en estado sólido, líquido o gaseoso.














