El teléfono móvil, el ordenador, la tableta, el televisor, y todo lo que traen, desde las redes sociales a las series televisivas, ofrecen mucho entretenimiento para la población infantil que está a punto de comenzar la adolescencia. Durante la pandemia, han servido también para suplir, hasta cierto punto, la imposibilidad de realizar actividades que eran habituales antes de la COVID-19. Una investigación reciente ha explorado hasta qué punto hay relación entre el tiempo que en esa franja de edad se le dedica a las actividades frente a pantallas y la incidencia de la obesidad.

El estudio es obra del equipo del Dr. Jason Nagata, profesor de pediatría en la Universidad de California en San Francisco, Estados Unidos.

El estudio, que se realizó sobre niños y niñas estadounidenses pero que seguramente refleja una realidad compartida por bastantes naciones industrializadas, ha permitido determinar que quienes pasaron más tiempo ante pantallas entre los 9 y los 10 años de edad son más propensos a ganar peso un año después.

Los autores del estudio han descubierto que cada hora adicional dedicada a prácticamente todas las formas de tiempo de pantalla se asoció con un mayor índice de masa corporal (IMC) un año después. En concreto, los investigadores descubrieron que cada hora adicional dedicada a la televisión, los vídeos de YouTube, los videojuegos, los videochats y los mensajes de texto, conllevaba un aumento en el riesgo de aumentar de peso un año después. Al inicio del estudio, el 33,7% de los niños tenían sobrepeso u obesidad, y esto aumentó al 35,5% un año después.

El tiempo ante pantallas suele ser sedentario y puede sustituir al tiempo de actividad física. Pero además los niños tienden a estar expuestos a más anuncios de comida poco sana pero sabrosa y son propensos a picar y comer en exceso mientras están distraídos frente a las pantallas.