Muchas poblaciones han sustentado durante miles de años su alimentación en una dieta basada principalmente en el marisco. Hasta ahora se había pensado que estas antiguas comunidades comían moluscos y crustáceos porque tenían a su disposición una fuente natural abundante y próxima. Un nuevo estudio, publicado en PLoS ONE, propone ahora una nueva teoría.
Un equipo de científicos de diferentes instituciones canadienses sugiere que estas cosechas de marisco no fueron posibles solamente por estar cerca de estos viveros naturales. También influyó la capacidad de los indígenas para ejercer la maricultura, es decir, el cultivo o cría de plantas y animales marinos como, por ejemplo, los jardines de almejas –una pared de roca y una terraza plana– que sirven de hábitat artificial protegido para favorecer y aumentar el desarrollo de estos moluscos en las playas.
Durante cinco años, en el marco del proyecto The Clam Garden Network, los investigadores analizaron nueve ‘huertos’ de almejas construidos por los pueblos indígenas costeros y hallados por los arqueólogos en la isla Quadra, situada al noroeste de Canadá.














