Los pasajeros que viajan por los aeropuertos más transitados pronto verán reducido el número de retrasos en sus vuelos y su impacto ambiental gracias a los esfuerzos por utilizar el espacio aéreo de forma más eficiente.


El objetivo del programa Iris es equipar las naves con enlaces de comunicación de datos por satélite para ayudar a los pilotos y a los controladores aéreos a utilizar las rutas más cortas y rápidas, lo que incrementará la productividad, ahorrará combustible y reducirá la contaminación. El sistema, financiado por la Agencia Espacial Europea (ESA) en colaboración con Inmarsat, una compañía de comunicaciones por satélite a nivel global con base en Londres, se someterá a una experiencia piloto durante los próximos meses en vuelos seleccionados y está previsto que entre en servicio comercial en 2021.

Varias organizaciones nacionales para el control del tráfico aéreo, incluidas las de Alemania, Bélgica, España, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal, Reino Unido y Suiza, han acordado probar el sistema comercial. Los constructores aeronáuticos ya están desarrollando y certificando la aviónica que dará soporte a esta tecnología, e Inmarsat ha firmado un acuerdo con el Proveedor Europeo de Servicios por Satélite, ESSP SaS (un grupo de siete organizaciones nacionales para la gestión del tráfico aéreo), con el fin de identificar futuros mercados y oportunidades de negocio para el servicio.

Como explica Magali Vaissiere, directora de Telecomunicaciones y Aplicaciones Integradas de la ESA: “La tecnología de Iris ya está lista para su implementación. Estamos muy satisfechos de haber superado este hito significativo en el camino hacia un transporte aéreo más seguro, más verde y más eficiente”.

La tecnología espacial complementará al sistema terrestre ya existente. En estos momentos, los controladores aéreos emplean radares para detectar la ubicación de las naves y su dirección de avance. A continuación hablan con los pilotos, ofreciéndoles recomendaciones de ruta. No obstante, este enfoque exige mucho trabajo y precisa de grandes zonas de seguridad alrededor de los aviones, lo que restringe la capacidad del tráfico aéreo y puede provocar retrasos. Además, es necesario que los aviones se hallen en la línea de visión de las estaciones terrestres, algo imposible cuando las naves sobrevuelan los océanos, por lo que deben utilizarse distancias de seguridad aún mayores.