En la fábrica del futuro, el ser humano y la máquina trabajarán codo con codo, en armonía, como un equipo, uniendo fuerzas siempre que sea necesario, como si el robot colaborador fuera de carne y hueso.

Aunque los robots diseñados para una colaboración muy estrecha con humanos («cobots») ya se están implantando en las cadenas de montaje industrial, el verdadero trabajo en equipo mano a mano entre el robot y el ser humano aún está lejos. El problema radica en la proximidad física de los humanos a los robots. Las acciones del trabajador humano, a diferencia de las del robot, no siguen algoritmos predecibles. Un trabajador humano puede cansarse o distraerse y actuar de forma repentina o incluso ilógica. Esto puede tener claras repercusiones para la seguridad de la persona y explica por qué los brazos robóticos que se utilizan actualmente en las cadenas de montaje de las fábricas suelen estar alojados en jaulas. Para cualquiera que se acerque demasiado a uno de esos robots industriales, las cosas pueden ponerse peligrosas. Los robots industriales suelen ser grandes y pesados, pero también son fuertes, rápidos y ágiles, todo lo cual los capacita para realizar una amplia gama de operaciones, como soldar, ensamblar, pintar, apilar y levantar, pero también los vuelve peligrosos. Los movimientos que esos robots ejecutan están dictados en su totalidad por los programas que los controlan. Si alguien se interpone en su camino o se acerca demasiado sin que logren efectuar una parada de emergencia, las consecuencias pueden ser graves.

Un equipo de investigación, dirigido por Stefan Seelecke y Gianluca Rizzello, expertos en materiales inteligentes en la Universidad del Sarre en Alemania, está trabajando en nuevos tipos de brazos robóticos. La nueva tecnología desarrollada por Seelecke, Rizzello y sus colegas se basa en sistemas poliméricos y ha permitido a estos científicos crear novedosas herramientas robóticas blandas que son más ligeras, maniobrables y flexibles que los componentes rígidos que se utilizan actualmente. Una colisión accidental de uno de estos brazos robóticos del futuro contra un humano sería para este algo muy parecido a ser empujado sin querer por un compañero de trabajo humano, algo que es poco probable que lleve al humano a un hospital. En cambio, una colisión con un robot industrial típico de hoy en día puede ser comparable a ser golpeado con una barra de hierro.

La misma tecnología básica dotaría de mejores capacidades a otros aparatos y herramientas. Imagine, por ejemplo, instrumentos quirúrgicos flexibles que puedan girar en todas las direcciones como brazos de pulpo en miniatura.