El terremoto de Lorca (España) de 2011 fue un evento de magnitud moderada (de 5.1). Sin embargo, causó nueve víctimas mortales, más de 300 heridos, y 462 millones de euros en pérdidas económicas directas. Por ello, los expertos se plantearon la misma duda tras el terremoto. ¿Qué fue lo que motivó que un temblor aparentemente pequeño ocasionase unos daños tan importantes?
Esto es lo que analiza un estudio desarrollado por investigadores de la Escuela Técnica Superior de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid. “Las aceleraciones registradas durante el sismo, así como los espectros de aceleraciones calculados a partir de estas, excedieron ampliamente (hasta tres veces más) los valores esperables predichos por los modelos regionales actuales de peligrosidad sísmica, así como los valores establecidos en las normativas de construcción sismorresistente española y europea”, explica Carlos Gordo, investigador del Grupo de Ingeniería y Morfología del Terreno de la UPM. “La pregunta que nos hacíamos todos era ¿por qué?”, añade.
El trabajo, en el que también ha participado la Universidad de Stanford en California (Estados Unidos) analiza si en el terremoto de Lorca pudo producirse un efecto de directividad que motivó su potencial destructivo, algo que ya sucedió en terremotos especialmente significativos como el de San Fernando (California, 1971), Northridge (Los Ángeles, 1994), Kobe (Japón, 1995), o el más reciente de L’Aquila (Italia, 2009).














