La tecnología y sus avances nos permiten, en muchas ocasiones, optimizar nuestro tiempo (aunque, a veces, parezca todo lo contrario) y facilitarnos (al menos, en parte) la existencia. Los llamados “gadgets” son un buen ejemplo de ello. El smartphone, sin ir más lejos, es un dispositivo que ha revolucionado el día a día de la sociedad.
Claro está que no todos los aparatos son digitales; un gadget, por ejemplo, puede ser un simple cepillo para quitar los pelos de una mascota. Ni tampoco tienen porqué ser tan útiles o rupturistas; pensemos, sin ir más lejos, en la “visera con ventilador”. De hecho, existen algunos, concretamente, que más que volverse obsoletos y desaparecer, simplemente nunca fueron una idea demasiado brillante.
Útiles o no, la historia está plagada de “trastos” curiosos. Desde el cuchillo eléctrico que vimos en infinidad de cocinas domésticas de los años 80, hasta los más actuales, como el pantalón que incorpora un teclado para el ordenador. A medida que el tiempo avanza, los intentos por sorprender a los consumidores parecen aumentar; y, con estas iniciativas, también crece el número de inventos peculiares.














