En el condado de Staffordhire, en el centro de Inglaterra, hay un bosque protegido por una cerca de tres metros de alto.
Su suelo está atravesado por extraños tubos metálicos. Y, en medio de la hojarasca, están emplazados unos inmensos mástiles que bombardean el entorno con dióxido de carbono.
No se trata del set de una película de ciencia ficción: es parte de un experimento que intenta averiguar cómo responderán estos espacios verdes a los niveles de CO2 estarán presentes en la atmósfera, según estimados, para mediados de siglo.
Intercambio
El rol de las plantas en la absorción de CO2 es una de las grandes incógnitas de la climatología.
El CO2 es un fertilizante, y los investigadores creen que a medida que aumentan sus niveles, los árboles fijarán más CO2 en sus troncos, raíces y materia orgánica en la tierra.
Sin embargo, creen que este efecto fertilizante se limitará en el tiempo en función de otros factores como la falta de nutrientes, la escasez de agua y el aumento de las temperaturas.
Actualmente los bosques y los humanos mantienen un intercambio que los beneficia mutuamente: los árboles se alimentan de CO2, a la vez que lo almacenan.
Si no lo hicieran, permanecería en la atmósfera, y esto haría que aumentara la temperatura del planeta.
¿Hasta cuándo?
Se estima que los árboles almacenan entre un cuarto y un tercio del dióxido de carbono producido por la quema de combustibles fósiles.
Uno de los grandes imponderables en la ciencia del clima es por cuánto tiempo los bosques seguirán amortiguando el cambio climático si los niveles de CO2 continúan aumentando de forma creciente.
Rob Mackenzie, profesor de la Universidad de Birmingham y líder del experimento, acepta que la ciencia subestimó la cantidad de carbono que pueden almacenar los árboles.














