La mayoría de nosotros hemos usado el olfato para decidir si una botella de leche caducada hace muy poco o una comida sobrante guardada en la nevera desde hace varios días todavía se pueden beber o comer sin riesgos. Pero aunque la nariz humana puede ser bastante eficaz detectando por el olor qué alimentos están en mal estado, no siempre detecta todas las amenazas. Cada año, millones de personas enferman por patógenos que proliferan en alimentos en mal estado pero que todavía no huelen mal.

Afortunadamente para nuestros estómagos, una nueva «nariz electrónica» puede detectar los olores asociados con los alimentos en mal estado con mucha más precisión que la nariz humana.

También puede detectar la presencia de alérgenos alimentarios comunes, como nueces y cacahuetes, que pueden resultar mortales para quienes padecen alergias graves a ellos.

El dispositivo posee un conjunto de 16 pequeños sensores de gas, cada uno de los cuales es sensible a una combinación ligeramente diferente de compuestos gaseosos.