Hace 80 millones de años, erupciones de lava volcánica causadas por la separación de las placas tectónicas de África y de América del Sur –que se había iniciado hace 120 millones de años– dieron origen a una isla similar a Islandia. Esa isla volcánica, que tendría el tamaño del País de Gales, fue habitada por dinosaurios y estaba compuesta por un cañón, un bosque y playas.

 

Hace 40 millones de años, la meseta de esa isla empezó a sumergirse hasta llegar a la posición en la cual se encuentra en la actualidad, a 3.000 metros de profundidad en el Atlántico Sur, y a 1.500 kilómetros al este de la costa brasileña, a la altura de Río de Janeiro.

 

Esta hipótesis de la historia evolutiva de ese fragmento continental sumergido en el océano Atlántico, conocido como Elevación de Rio Grande, se vio reforzada por descubrimientos realizados por investigadores brasileños e ingleses durante un crucero científico por la región realizado entre finales de octubre y comienzos de noviembre de 2018.

 

Esa expedición, que se concretó con el buque de investigación oceanográfica Discovery, de la realeza británica, formó parte de un proyecto que cuenta con el apoyo de la FAPESP – Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo y que está integrado por investigadores del Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo (IO-USP), en Brasil, y de la University of Southampton, en Inglaterra.

 

El objetivo de dicho proyecto consiste en entender los procesos que controlan la formación, la distribución y la preservación de las cortezas de ferromanganeso, depósitos minerales ricos en metales críticos para la industria electrónica y para la producción de nuevas tecnologías. Entre ellos se encuentran el cobalto, esencial en las baterías recargables de los vehículos eléctricos, y el telurio, fundamental para la producción de células solares destinadas a la generación de energía solar de alta eficiencia.