Los cuásares están entre los objetos más brillantes del universo. El resplandor de algunos es de miles de veces el de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Y ello resulta aún más asombroso porque el tamaño de los cuásares apenas es mayor que el de nuestro sistema solar. Los cuásares suelen estar en el centro de galaxias y su «motor» es un agujero negro supermasivo que al arrastrar materia hacia sí la calienta enormemente haciendo que resplandezca. Esos agujeros negros pueden albergar una masa de millones de veces, o incluso miles de millones, la del Sol.
Un equipo que incluye a Yue Shen, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, y Nadia Zakamska, de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, ambas instituciones en Estados Unidos, se ha valido de observaciones realizadas con el telescopio espacial Hubble de la NASA para descubrir, a una distancia de unos 10.000 millones de años-luz de la Tierra, un par de cuásares que están tan cerca el uno del otro que parecen un solo objeto en las fotos tomadas con telescopios desde la superficie de la Tierra.
Los investigadores creen que los cuásares están muy cerca el uno del otro porque residen en los núcleos de dos galaxias en proceso de fusionarse una con otra.
Además, el mismo equipo ha detectado lo que parece ser otra pareja de cuásares.
«Calculamos que en el universo lejano, por cada 1.000 cuásares, hay un cuásar doble. Así que encontrar estos cuásares dobles es casi como encontrar una aguja en un pajar» destaca Shen.
Cuanto más lejos miramos en el universo, más hacia atrás en el tiempo nos remontamos, ya que la luz que nos llega de los objetos astronómicos fue emitida tantos años atrás como años-luz de distancia nos separan de ellos. Por eso, contemplar cuásares a 10.000 millones de años-luz de distancia es también contemplarlos tal como eran hace 10.000 millones de años. Esto también implica que solo podemos observar el pasado lejano del universo si miramos a lugares del mismo igualmente lejanos.














