Cuando los astronautas toman fotografías de la Tierra a más de 400 km por encima de nuestras cabezas, hacen mucho más que conseguir imágenes espectaculares. También cuidan de la salud del planeta y, en consecuencia, de todos nosotros.

Las técnicas empleadas por los astrofotógrafos cuando observan estrellas se han combinado con la exploración espacial para medir el impacto medioambiental de las luces artificiales por la noche.

 

Las únicas imágenes nocturnas en color de la Tierra disponibles libremente son aquellas tomadas por los astronautas de la Estación Espacial Internacional, así como unas pocas composiciones en color procedentes del satélite Rosetta de la ESA. La NASA cuenta con una base de datos pública con más de 1,3 millones de fotografías en color realizadas por astronautas desde 2003.

 

Ahora, los investigadores están observando estas imágenes nocturnas desde otro punto de vista. Un equipo de científicos ha dado con un método para clasificar la iluminación exterior mediante diagramas cromáticos y técnicas de calibración. La información espectral resultante, como la temperatura del color, constituye una herramienta de utilidad para evaluar el impacto ambiental de la luz artificial.

 

“Esperamos llevar la fotografía desde la Estación Espacial Internacional a un nuevo nivel”, confiesa Alejandro Sánchez de Miguel, investigador de la Universidad de Exeter (Reino Unido) que dirige el proyecto Cities at night de concienciación sobre la contaminación lumínica.