Entre las misiones de la ESA dedicadas a estudiar el ciclo del agua en la Tierra, SMOS es una de las más relevantes. Sus objetivos principales son realizar mapas globales de la salinidad de los océanos y de la humedad del suelo, factores importantes para el estudio del cambio climático, pero en los diez años que lleva en órbita ha acabado ofreciendo resultados y aplicaciones que no se esperaban. Jorge Fauste, Jefe de Operaciones del instrumento MIRAS del satélite, apunta que los datos de SMOS están utilizándose para modelos de predicción meteorológica, avisos de riesgo de incendios a través del análisis de la sequedad del terreno y, recientemente, seguimiento de huracanes. Jorge señala que dicho seguimiento se hace “a través de la radiación de microondas recibida de la espuma del mar y del océano. Se puede medir la velocidad del viento y predecir el camino que va a llevar el huracán en las siguientes horas”.

SMOS contribuye al estudio del cambio climático mediante indicadores como, por ejemplo, el aumento de salinidad del mar Mediterráneo y de la presencia de agua dulce en el Báltico, pero también está observando el espesor de la capa de hielo en los polos, algo que es una parte fundamental de las operaciones de Mars Express en el planeta rojo. La sonda, que llegó allí en 2003, se dedica a reconstruir el pasado marciano, en el que estaba cubierto de agua, y a ofrecer respuestas sobre el proceso por el que terminó siendo tan desértico, unos estudios que pueden contribuir también a situar los modelos sobre el cambio climático de la Tierra en un contexto más amplio.