En general, las primeras estrellas del universo eran muy diferentes de las modernas. Pero algunas de ellas pudieron serlo más, hasta el punto de estar energizadas por la autoaniquilación de materia oscura en vez de por la fusión nuclear de materia normal. Esta teoría, presentada hace unos años, podría verse corroborada ahora si, tal como parece, cuatro objetos misteriosos detectados en los confines del universo y que, por lo tanto, se captan tal como eran en la infancia del universo, son estrellas energizadas por materia oscura.

 

El estudio lo ha realizado un equipo encabezado por Cosmin Ilie, de la Universidad Colgate en Hamilton, Nueva York, Estados Unidos. Las observaciones se han realizado con el telescopio espacial James Webb, de la NASA, la ESA y la CSA, respectivamente las agencias espaciales estadounidense, europea y canadiense.

 

Según la citada teoría, las estrellas energizadas por la autoaniquilación de materia oscura son nubes muy brillantes, poseen una masa mucho mayor que la de las estrellas normales más masivas y tienen un tamaño colosal debido a lo muy hinchadas que están. Están compuestas mayormente por material normal, en concreto hidrógeno y helio, y no se derrumban sobre sí mismas en un colapso gravitatorio porque lo impiden las pequeñas cantidades de materia oscura que anidan en su interior y que, al autoaniquilarse, ejercen una fuerza hacia el exterior que contrarresta la fuerza hacia el interior ejercida por la gravedad.

 

La materia oscura es un tipo desconocido de materia que no puede detectarse más que por su influencia gravitatoria. Es más abundante en el cosmos que la materia normal. No corresponde a agujeros negros convencionales ni a ninguna otra clase de astro conocida. Según algunas teorías, existe solo en forma de partículas exóticas. Y al colisionar unas con otras, estas partículas se aniquilan mutuamente, depositando calor en nubes de hidrógeno y helio en proceso de contracción y convirtiéndolas en estrellas de esta clase tan extraña.