Según cifras de la SEP, en México, la tasa de abandono escolar pasó de un 10.2 % en el ciclo 2021-2022 a un 11.3 % en 2023-2024. En educación superior, en cambio, bajó a un 8.1 % en 2021-2022 frente a un 8.8 % del ciclo anterior. Detrás de esos números hay historias muy concretas: estudiantes que empezaron con toda la intención de terminar y que, en algún punto de los primeros meses, dejaron de asistir.

¿Qué marca la diferencia entre quien se queda y quien abandona? Cada vez hay más evidencia de que no depende solo de la voluntad del estudiante. Depende, en buena medida, de si alguien lo estaba acompañando de cerca cuando las cosas se pusieron difíciles.

A ese acompañamiento se le conoce como modelo docente-coach; su función es detectar el riesgo de abandono antes de que se convierta en una decisión tomada y sostener al estudiante en los momentos donde normalmente se rendiría. Así es como funciona, y qué debe buscar una familia para saber si una escuela realmente lo aplica.

¿Qué es el modelo docente-coach?

La tutoría escolar tradicional casi siempre es reactiva, pues un profesor interviene cuando el estudiante ya reprobó una materia o cuando las faltas activan una alerta administrativa. Para ese punto, muchas veces el estudiante ya decidió, en silencio, que no va a continuar y la escuela se entera semanas después.

El modelo docente-coach parte de la premisa de un acompañamiento que no espera a que exista un problema. Es continuo, empieza desde la primera semana de clases y combina dos funciones que normalmente están separadas: el docente que enseña la materia y el coach que da seguimiento al avance real del estudiante, semana a semana, no solo al cierre del parcial.

Esto incluye el seguimiento de asistencia y calificaciones, pero también una lectura más amplia sobre cómo se está adaptando el estudiante al grupo y si hay señales de que el trabajo o la situación familiar están compitiendo con el tiempo de estudio. También implica revisar si la comunicación con los padres funciona de forma regular, o si solo ocurre cuando ya hay una crisis que resolver.

El primer semestre después de la secundaria suele ser el momento de mayor riesgo, debido a que cambia el plantel, cambia el grupo de amigos y, en muchos casos, el estudiante empieza a combinar la escuela con un primer trabajo. Es exactamente ahí donde un acompañamiento continuo hace la diferencia.

La diferencia no es marketing, es la distancia entre una escuela que reacciona ante el abandono cuando ya ocurrió y una que está diseñada para anticiparlo mientras todavía se puede hacer algo al respecto.