Unos investigadores han utilizado inteligencia artificial para analizar imágenes tridimensionales de caras de varios miles de niños y niñas de diversas etnias, tomadas a las edades de 9 y 13 años y han cotejado ciertos rasgos de los rostros con el consumo de alcohol por las madres antes del embarazo o durante este.

 

Los autores del estudio han encontrado una relación entre alteraciones en la forma de la cara de los niños y niñas y la cantidad de alcohol que bebían sus madres, tanto antes de quedarse embarazadas como durante la gestación.

 

Este estudio es el primero que detecta una asociación de ese tipo en los hijos e hijas de madres que bebieron alcohol hasta tres meses antes de quedarse embarazadas pero dejaron de hacerlo durante el embarazo.

 

Además, el estudio ha encontrado que la asociación con el conjunto de alteraciones de la cara existe incluso en los casos en los que las madres bebían menos de 12 gramos de alcohol a la semana, el equivalente a un vaso pequeño de 175 mililitros de vino o a un vaso grande de 330 mililitros de cerveza.

 

El hallazgo es importante porque la forma de la cara de los niños puede ser un indicio de problemas de salud y del desarrollo, tal como subraya Gennady Roshchupkin, del Centro Médico Erasmus en Róterdam, Países Bajos, y coautor del estudio. «Yo diría que la cara es un ‘espejo de salud’, ya que refleja la salud general del individuo. La exposición de un niño al alcohol antes de nacer puede tener efectos adversos significativos en su desarrollo y en su salud y, si una madre bebe regularmente una gran cantidad de alcohol, esto puede conducir al trastorno del espectro alcohólico fetal, que se percibe en las caras de los niños».