En un futuro no muy lejano, habrá robots que harán muchos más trabajos domésticos que barrer, aspirar y fregar. Sin embargo, su mayor actividad en el hogar aumentará las posibilidades de que la presencia de humanos a su alrededor entorpezca su labor.

 

Un humano que accidentalmente empuja la mano de un robot puede sabotear la operación que estaba ejecutando. O incluso peor: puede sabotear el aprendizaje, por imitación, de cómo realizar dicha operación.

 

Para muchos robots, esto acarrea volver a iniciar o aprender la operación desde cero.

 

Unos robotistas han ideado una forma de dotar a tales robots domésticos de sentido común, por así decirlo, consiguiendo que sepan lidiar con esos momentos de caos y no necesiten volver a empezar de cero.

 

Con este nuevo enfoque, basado en la inteligencia artificial, un robot es capaz de dividir de manera lógica cada tarea doméstica en subtareas y adaptarse físicamente a las interrupciones de una subtarea para poder seguir adelante con la tarea sin tener que volver atrás y empezar la tarea desde cero, y sin que los robotistas tengan que programar explícitamente soluciones para cada posible problema que pueda surgir durante la ejecución de cada operación.