Típicamente, un agujero negro supermasivo se encuentra en el corazón de cada galaxia, incluida la Vía Láctea. Cuando un agujero negro está activo, o sea succionando cantidades significativas de materia, se forma a su alrededor un remolino de gas y polvo a alta temperatura. A medida que este material se acumula y cae al agujero negro, ilumina su entorno, irradiando una enorme cantidad de energía.
Los agujeros negros supermasivos más energéticos se conocen como cuásares, y son algunos de los objetos más activos y luminosos del universo. Estos voraces sistemas absorben tanta materia que la luz que emiten puede superar a la del resto de su galaxia. El patrón de luz de un cuásar, incluyendo sus oscilaciones de brillo en cada longitud de onda (su “parpadeo”), puede dar a los científicos pistas sobre las acciones que el agujero negro supermasivo de cada uno ejerce sobre su galaxia. Sin ese parpadeo, la información que sobre sí mismo proporciona un cuásar es significativamente menor.
Ahora unos astrónomos han detectado un cuásar parpadeando en la infancia del universo. Estos científicos rastrearon la luz del cuásar hasta la época del “amanecer cósmico”, tan solo 850 millones de años después del Big Bang, la “explosión” colosal con la que nació el universo. Este es el cuásar parpadeante más antiguo de entre todos los detectados hasta la fecha.
El hallazgo lo ha hecho un equipo encabezado por Gene Leung, del Instituto Kavli para la Astrofísica y la Investigación Espacial, dependiente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Cambridge, Estados Unidos.














