Capturar dióxido de carbono producido por actividades de la civilización humana es fundamental para reducir la acumulación de gases de efecto invernadero y frenar el calentamiento global, pero las tecnologías actuales de captura de dióxido de carbono solo funcionan bien con fuentes en las que este gas está muy concentrado, como por ejemplo a la salida de una chimenea industrial. Tales tecnologías no pueden capturar eficazmente el dióxido de carbono del aire alejado de tales fuentes. En ese aire ambiental normal, la concentración de CO2 es cientos de veces inferior a las que se dan en la salida de tales chimeneas.

 

La captura directa de CO2 en el aire normal es la única vía plausible de invertir el aumento de la presencia de CO2 en la atmósfera, una presencia que ya ha alcanzado las 426 partes por millón (ppm), un 50% superior al nivel que existía poco antes del inicio de la Revolución Industrial. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, sin una reducción activa de CO2, no alcanzaremos el objetivo de limitar el calentamiento de la Tierra a 1,5 grados centígrados por encima de la temperatura media de antes de la Revolución Industrial.

 

Un nuevo tipo de material absorbente desarrollado por químicos de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos) podría contribuir a que el mundo alcance emisiones negativas de gases con efecto invernadero, o sea que la cantidad de gas de esa clase retirado de la atmósfera supere a la cantidad del liberado en ella. El material poroso, del tipo conocido como “COF”, por las siglas en inglés de “armazón orgánico covalente”, captura CO2 del aire normal y no sufre la degradación por la acción del agua u otros agentes, que sí sufren, entre otras limitaciones, las tecnologías existentes para la captura directa de CO2 en el aire normal.