A mediados del siglo XX, se teorizó la idea de una capa de grafito de un solo átomo de grosor. El término “grafeno” fue introducido algunos años más tarde, en 1986, por los químicos Hanns-Peter Boehm, Ralph Setton y Eberhard Stumpp. Una vez que se logró producir capas individuales de grafeno, los científicos empezaron a darse cuenta de sus asombrosas propiedades: flexibles, ligeros pero fuertes, excelentes conductores térmicos y eléctricos, y escenario de una amplia gama de fenómenos físicos intrigantes.

 

Sin embargo, resulta que dos capas de grafeno pueden formar un sistema aún más fascinante. Esto se evidenció en marzo de 2018, cuando un equipo internacional liderado por Pablo Jarillo-Herrero, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos, anunció el descubrimiento de la superconductividad tras apilar dos capas de grafeno con un ángulo de torsión de aproximadamente 1,1 grados. Bajo este ángulo tan específico, llamado “ángulo mágico”, las propiedades electrónicas cambian de forma tan drástica que surgen fenómenos físicos exóticos, como la superconductividad descubierta.