La luz de vacío comprimido brillante interactúa fuertemente con la materia, pudiendo incluso generar armónicos de alto orden con propiedades cuánticas. Investigaciones anteriores, sin embargo, solo habían considerado su interacción con un solo átomo.
Ahora, investigadores del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) en Castelldefels, Barcelona, y colaboradores han estudiado cómo la luz de vacío comprimido brillante se propaga a través de un medio lleno de átomos de argón, qué efectos de decoherencia se producen y cómo se puede conseguir minimizarlos.
Los pulsos de luz más cortos logrados hasta la fecha duran solo unos pocos attosegundos. Son tan increíblemente cortos que la mente humana tiene dificultades para imaginarlos. Un attosegundo es una millonésima de una millonésima de millonésima de segundo, es decir, una trillonésima de segundo. Un attosegundo es a un segundo lo que un segundo es al tiempo transcurrido desde el nacimiento del universo.
Precisamente la extraordinaria brevedad de esos pulsos de luz es lo que permite su utilización para investigar procesos extremadamente rápidos, omnipresentes en la vida en la Tierra; procesos que ocurren cuando se desarrollan reacciones químicas o cuando las moléculas biológicas se transfieren energía entre sí.
La generación de altos armónicos (la generación de armónicos de alto orden de un pulso de luz cuando este es absorbido por un átomo) es el precursor físico que permite generar los pulsos de luz más cortos a día de hoy. Si bien la generación de altos armónicos ha sido ampliamente estudiada cuando se impulsa mediante una fuente de luz clásica, recientemente se ha demostrado que la luz cuántica también tiene esta capacidad. Pero, ¿permanece esta cuanticidad después de la generación de armónicos? Esa es una de las preguntas más importantes que se investigan actualmente.














