Tradicionalmente se ha visto a la selva amazónica no solo como uno de los “pulmones” de la Tierra sino también como un sumidero de carbono capaz de absorber más dióxido de carbono que el que emite. Una nueva investigación ha tenido por objetivo comprobar si esto es cierto.

El equipo internacional de Stephen Sitch, de la Universidad de Exeter en el Reino Unido, ha descubierto que en la última década la selva amazónica brasileña liberó más carbono del que almacenó.

Más del 60% de la selva amazónica se encuentra en Brasil, y el nuevo estudio se basó en datos obtenidos mediante seguimiento desde satélite para medir el almacenamiento de carbono entre 2010 y 2019.

El estudio revela que la degradación (partes del bosque dañadas pero no destruidas) supuso una liberación de carbono tres veces mayor que la provocada por la deforestación.

La degradación está vinculada a la deforestación, especialmente en las partes debilitadas de un bosque cerca de las zonas deforestadas, pero también está causada por la tala de árboles y los incendios forestales. Los fenómenos climáticos nocivos, como las sequías, aumentan aún más la mortalidad de los árboles.

La actividad humana directa y el cambio climático global han degradado o destruido grandes extensiones de selva tropical, lo que ha provocado la liberación del carbono que estaba almacenado allí.