La sonda espacial Voyager 1 de la NASA se halla a más de 20 horas-luz de la Tierra, volando por el espacio interestelar.
El equipo de ingenieros de la misión de la nave espacial Voyager 1 de la NASA está tratando de resolver un misterio: la nave funciona con normalidad, recibiendo y ejecutando órdenes enviadas desde la Tierra, además de recolectar datos científicos y enviarlos a la Tierra. Pero las lecturas del sistema AACS (Attitude Articulation and Control System) de la nave no reflejan lo que realmente ocurre a bordo.
El AACS controla la orientación de la nave. Entre otras tareas, mantiene la antena de alta ganancia de la Voyager 1 apuntando con precisión a la Tierra, lo que le permite enviar datos a casa y mantenerse en contacto con nuestro mundo. Todo parece indicar que el AACS sigue funcionando, pero los datos de telemetría que devuelve no son válidos. No reflejan ningún estado posible en el que el AACS pueda estar. Parecen incluso generados aleatoriamente.
El problema no ha desencadenado la activación del sistema de protección contra fallos ocurridos a bordo, que está diseñado para poner la nave en «modo seguro», un estado en el que solo se realizan las operaciones esenciales, dando tiempo a los ingenieros para diagnosticar un problema. La señal de la Voyager 1 tampoco se ha debilitado, lo que sugiere que la antena de alta ganancia permanece en su orientación prescrita con respecto a la Tierra.
El equipo de ingenieros continuará vigilando la señal minuciosamente mientras sigue investigando si los datos no válidos proceden directamente del AACS o de otro sistema implicado en la preparación y envío de datos de telemetría. Hasta que no se aclare la naturaleza del problema, el equipo no puede predecir si empeorará y se acabará perdiendo el contacto con la nave.














