Imagine un reloj que no necesita suministro eléctrico, ni que le den cuerda ni ser energizado de ninguna otra manera, pero cuyos engranajes y manecillas giran incesantemente a perpetuidad.
Unos físicos han usado cristales líquidos, los mismos materiales que se emplean en la pantalla de los teléfonos móviles, para crear un reloj lo más parecido a ese que los humanos podemos lograr. Este llamativo objeto es un «cristal de tiempo». Ese es el nombre de una curiosa fase de la materia en la que los componentes, como átomos u otras partículas, existen en constante movimiento.
Este cristal de tiempo no es el primero que se ha fabricado, pero sí el primero que los humanos podemos ver directamente, mediante un microscopio o incluso, bajo determinadas condiciones, a ojo desnudo. La visibilidad de esta clase de cristal de tiempo le confiere unas propiedades que podrían ser aprovechadas para diversas aplicaciones prácticas.
El logro es obra de Hanqing Zhao e Ivan I. Smalyukh, de la Universidad de Colorado en la ciudad estadounidense de Boulder.
Estos investigadores diseñaron celdas de vidrio que rellenaron de cristal líquido; en este caso, moléculas con forma de varilla que se comportan cómo un sólido en algunos aspectos y como un líquido en otros. En circunstancias especiales, si se les aplica una luz, los cristales líquidos comienzan a girar y moverse, siguiendo patrones que se repiten con el tiempo. Esta última característica es lo que más define a un cristal de tiempo.














