En algunos puntos del fondo de los océanos de la Tierra, hay fumarolas hidrotermales. Estas son como fuentes termales y eyectan al mar flujos de agua desde el subsuelo marino, caliente debido a la actividad geológica de las profundidades. El agua expulsada suele ser rica en sustancias químicas que pueden sustentar una amplia gama de formas de vida. Los ecosistemas así creados tienen su base en la obtención de energía por procesos químicos, y no necesitan la luz solar. De hecho, es posible que la vida de la Tierra comenzase ahí. ¿Hasta qué punto la existencia de fumarolas hidrotermales en mares subterráneos de otros astros podría sustentar formas de vida? En un nuevo estudio, se ha buscado la respuesta a esta pregunta.
El estudio lo ha llevado a cabo un equipo encabezado por Andrew Fisher, de la Universidad de California en Santa Cruz (UCSC) en Estados Unidos.
Los mares subterráneos en otros mundos son más habituales de lo que se creía hasta hace pocos años. En nuestro propio sistema solar, hay varios. Por ejemplo, en lunas de Júpiter y Saturno. A raíz de ello, se han realizado investigaciones sobre cuestiones teóricas de tales mares, se trabaja en misiones futuras a ellos y hasta la ciencia-ficción se ha hecho eco del potencial biológico de tales mares extraterrestres, como por ejemplo la película de ciencia-ficción “Europa One” (“Europa Report”) de 2013.
Muchas líneas de investigación sugieren que algunos mundos con tales mares subterráneos liberan suficiente calor internamente para impulsar la circulación hidrotermal bajo sus fondos marinos. Este calor se genera por desintegración radiactiva, como ocurre en las profundidades de la Tierra, con calor adicional posiblemente generado por mareas provocadas por la proximidad de astros.
En este nuevo estudio, los investigadores utilizaron un complejo modelo informático basado en la circulación hidrotermal tal y como se produce en la Tierra. Tras modificar variables como la gravedad, el calor, las propiedades de las rocas y la profundidad de la circulación de fluidos, comprobaron que las fumarolas hidrotermales pueden mantenerse en una amplia gama de condiciones. Si este tipo de flujos se producen en un mundo con mar subterráneo, como Europa (una luna de Júpiter), o Encélado (una luna de Saturno), podrían aumentar significativamente las probabilidades de que allí exista vida.














