Unos astrónomos han descubierto un insólito agujero negro supermasivo en el centro de una galaxia lejana, ahora observable tal como era tan solo 1.500 millones de años después de la creación del universo. Este agujero consumía materia a un ritmo colosal, de más de 40 veces el límite máximo teórico.
El estudio lo ha realizado un equipo integrado, entre otros, por Hyewon Suh, del Observatorio Internacional Gemini, impulsado por la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF) y el NOIRLab, en Estados Unidos ambas instituciones, así como por Mar Mezcua, del Instituto de Ciencias Espaciales de Cataluña (IEEC) y del Instituto de Ciencias del Espacio, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en España. Para el estudio se utilizaron observaciones efectuadas por el telescopio espacial James Webb de la NASA, la ESA y la CSA, respectivamente las agencias espaciales estadounidense, europea y canadiense, así como por Observatorio espacial Chandra de Rayos X de la NASA.
Los agujeros negros supermasivos existen en el centro de la mayoría de las galaxias y los telescopios modernos son capaces de observarlos a distancias tan grandes que la luz que nos llega de ellos ahora la emitieron cuando el universo estaba todavía en su infancia. Ver cómo eran esos agujeros en ese pasado tan remoto puede ser de gran ayuda para desentrañar algunos de los enigmas de la evolución cósmica.
El asombroso agujero negro investigado se llama LID-568 y destaca por su intensa radiación en rayos X, aunque su posición exacta no podía determinarse únicamente a partir de las observaciones de rayos X, lo que suscitaba dudas sobre el correcto centrado del objetivo en el campo de visión del James Webb. Por ese motivo, en vez de utilizar la espectroscopía tradicional, se decidió utilizar el espectrógrafo de campo integral del instrumento NIRSpec del James Webb. Este instrumento puede obtener un espectro para cada píxel en el campo de visión del instrumento en vez de estar limitado a un estrecho corte.














