Para que un monumento sea catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO se requieren una serie de cuidados especiales y la protección de los monumentos y piezas artísticas amenazadas, como aquellas afectadas por los hongos microcoloniales negros. Las hifas, las “ramas” que conforman estos hongos, se alojan en las fisuras y grietas de las piedras y también producen polisacáridos que provocan corrosión.

Estos hongos son conocidos por su resistencia a condiciones ambientales hostiles, como temperaturas extremas, alta radiación solar y radiación ultravioleta, sequías severas y poca abundancia de nutrientes. Como resultado, sobreviven en desiertos fríos y cálidos, salinas, sitios contaminados con ácidos o hidrocarburos y superficies expuestas de rocas. Todo ello los convierte en un desafío singular para los conservacionistas y biólogos que se ocupan de los monumentos históricos.

En un estudio realizado en la Catedral Vieja de Coimbra (Portugal), de ocho siglos de antigüedad, la única catedral románica del país que ha sobrevivido relativamente intacta desde los tiempos de la Reconquista, los científicos recuperaron un hongo negro microcolonial con un peculiar lento crecimiento.