Cada año me regalo una dosis de aventura recorriendo algún tramo de República Dominicana. Más que un paseo, es mirar el país sin prisas, atravesarlo con tiempo, escuchar sus silencios y dejar que el paisaje marque el ritmo.
En esta ocasión, el tramo se enmarca dentro de la Ruta Independencia, una experiencia que conecta historia, geografía y turismo responsable y que nos llevó de norte a sur, desde el fértil Cibao hasta el extremo suroeste.














