«Es esta». Eso fue lo que muchos hemos pensado, o más bien sentido, cuando aparecieron los créditos finales de ‘Una batalla tras otra’. Los críticos de cine vemos decenas de películas al año en busca de aquella que nos haga sonar la alarma de «winner alert». El ratio de que eso suceda es muy bajo, y puede que haya años en las que ninguna genere esa sensación, al margen de que luego pueda hacerse con multitud de premios.
Pero ‘Una batalla tras otra’ tiene aroma a ganadora legendaria desde que vemos por primera vez al comando revolucionario French 75 en acción. Un aroma que no se desvanece desde la primera escena hasta la última, 160 minutos después. Paul Thomas Anderson nos conduce durante 2 horas y 40 minutos por una carretera llena de rasantes, figurada y literalmente, en un viaje a ratos angustioso, a ratos disfrutón, pero siempre extasiaste e inolvidable.














