Desde el momento en que empieza «A tiro limpio», dirigida por Jean Gabriel Guerra, queda claro que su prioridad es el espectáculo: los disparos, los estallidos, la adrenalina que se siente en la piel del espectador.
Mientras la película hace lo suyo en términos técnicos de acción, inevitablemente surge una pregunta incómoda: ¿quiénes son los verdaderos protagonistas aquí? Irónicamente, siento que son los villanos.














