El agar o agar-agar es una sustancia gelatinosa obtenida de la pared celular de varias especies de algas de los géneros Gelidium, Euchema y Gracilaria que se utiliza como soporte de cultivo en microbiología, para el crecimiento de bacterias, hongos y virus bacteriófagos y también como gelificante en la industria alimentaria. Su producción industrial, sin embargo, conlleva la generación de un elevado número de residuos en forma de macroalga que, hasta el día de hoy, no tienen aplicaciones conocidas.

Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en España, ha logrado transformar una parte de estos residuos en materiales carbonosos de alto poder calorífico y un gran potencial para ser empleados como combustible o como precursores de materiales de alto valor añadido.

Los residuos sólidos orgánicos son uno de los mayores grupos de residuos que se generan a nivel mundial y su tasa de generación sigue aumentando constantemente. Tradicionalmente, se eliminan por incineración o depósito en vertedero, pero el nuevo marco legal requiere que se apliquen nuevas estrategias que aseguren una gestión más sostenible y adecuada de los mismos.

“Uno de los problemas que presentaba hasta el momento la producción industrial de Agar-Agar es el tipo de residuo que genera: una sustancia con una gran capacidad de absorción de agua que limita su aprovechamiento térmico por métodos convencionales”, explica Ana Méndez, del Grupo de Valorización de Recursos de la UPM.