En tiempos de la Unión Soviética, y sobre todo durante la carrera espacial entre esta superpotencia y la otra, Estados Unidos, el secretismo en torno a los lanzamientos espaciales era muy grande, especialmente por parte soviética.
No solo se trataba de mantener lo más ocultas posible las misiones espaciales dedicadas al espionaje o a otras operaciones militares. Por parte soviética, también había que encubrir los fracasos de misiones científicas y divulgar solo las de esta clase que tuvieran éxito.
Una estrategia muy empleada en la URSS para ayudar a este secretismo era otorgar a las naves nombres muy genéricos que dificultasen deducir su verdadera naturaleza.
A tal fin, la serie “Cosmos” o “Kosmos” resultó ser un útil cajón de sastre para naves que solo tenían en común su envío a una órbita terrestre. Con este nombre general y un número para cada una, la URSS bautizó naves de poca importancia, junto con naves militares ultrasecretas, prototipos de pruebas de infinidad de programas y también sondas espaciales fracasadas.
Con las sondas espaciales, normalmente, se efectuaba el lanzamiento y si, al menos este y el inicio de su travesía interplanetaria resultaban exitosos, poco después se anunciaba públicamente el verdadero nombre del vehículo y su misión. Si, por el contrario, la nave fracasaba en una fase temprana de su misión, se optaba por anunciarla como una más de la serie Cosmos.
Una de estas sondas espaciales fantasma fue la Cosmos 482, lanzada al espacio el 31 de marzo de 1972, cuatro días después de la Venera 8 y tres años antes de la Venera 9. La serie rusa Venera tenía por objetivo la exploración de Venus y consiguió bastantes logros pioneros, aunque también no pocos fracasos. Esto último no resulta extraño teniendo en cuenta la precariedad del nivel tecnológico de aquella época y también la enormidad del reto. Venus, con una aplastante presión atmosférica de unas 90 veces la de la Tierra y una temperatura de más de 400 grados centígrados, es un mundo muchísimo más hostil que Marte. Las naves que han conseguido aterrizar en el infierno que es Venus, no han sobrevivido más de un par de horas tras el aterrizaje. En Marte, en cambio, bastantes han seguido funcionando durante años.














