Nuestra galaxia, la Vía Láctea, y una galaxia vecina, la de Andrómeda, están acercándose la una a la otra a una velocidad de unos 100 kilómetros por segundo. Eso llevó a creer que en un futuro lejano ambas galaxias chocarán. Un nuevo estudio ha profundizado en la cuestión.

 

En un choque entre dos galaxias, difícilmente pueden producirse colisiones directas entre astros, ya que la gran mayoría del volumen de una galaxia es espacio vacío. Pero lo que sí sucede es que la estructura de cada una de las galaxias en colisión se distorsiona hasta perder su identidad. Nuestra galaxia y la de Andrómeda tienen una estructura espiral y en una colisión como la pronosticada la perderían por completo. En vez de dos galaxias espirales pasaría a haber una sola de tipo elíptico.

 

Unos científicos de la Universidad de Durham en el Reino Unido, la de Helsinki en Finlandia y la de Toulouse en Francia, se han valido de datos recolectados por los telescopios espaciales Gaia y Hubble, respectivamente de la Agencia Espacial Europea (ESA) y de la NASA y la ESA, para simular cómo evolucionarán la Vía Láctea y Andrómeda durante los próximos diez mil millones de años.