El 10 de marzo del 2020, el entonces candidato presidencial del opositor Partido Revolucionario Moderno (PRM), Luis Abinader, confirmó al país que su compañera de boleta para las elecciones presidenciales era Raquel Peña, vicerrectora Administrativa Financiera de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).

Las críticas no se hicieron esperar, todos los pronósticos daban a David Collado o Milagros Germán. Ni uno ni la otra, Peña fue anunciada con todo el rigor de protocolo que le correspondía.

Las diferencia existente entre Margarita Cedeño y Raquel Peña para estas elecciones. Mientras una era veterana en campaña, y muy confiada, su discurso se concentró en atacar a quien no debia y quien la formo, su esposo Leonel Fernández y a descalificar a la oposición.

Sin embargo, Peña, de la oposición, una novata, solo llevaba mensajes de esperanzas y propuestas reales, a un pueblo que eso era lo que queria escuchar.

Mientras Margarita bailaba y mostraba risa de burla, Peña estaba reunida con la iglesia, con juntas de vecinos, con comunitarios y empresarios. Se podía distinguir desde lejos, la dos formas de hacer campaña, una con tigueraje bulgar y otra con respeto.

Peña, jamás entró en contradicción con nadie y se concentró a recorrer el país de extremo a extremo. Su manejo sorprendió. En cada intervención, estaba una oración a Dios y su propuesta de que iba a hacer de llegar a la vicepresidencia.

Ya finalizada la campaña política y el conteo electoral, se puede analizar sin pasión, como han quedado esta dos figuras como mujer ante la sociedad y como política, Margarita Cedeño sin pito y sin flauta, pero sin lugar a dudas, Raquel Peña es la revelación política del año.