Según una investigación reciente, algunas galaxias enanas y de muy escaso brillo que orbitan alrededor de la nuestra podrían ser como una especie de registro de las condiciones reinantes en el universo pocos millones de años después del Big Bang, la colosal “explosión” con la que nació el universo.
El estudio es obra de un equipo integrado, entre otros, por Azadeh Fattahi, de la Universidad de Estocolmo en Suecia, y Shaun Brown, de la Universidad de Durham en el Reino Unido y ahora en la de Estocolmo.
Las galaxias mencionadas se pueden considerar fósiles cósmicos de cuando el universo tenía solo unos 500 millones de años (hoy tiene unos 13 800 millones). En aquella lejana época, estaban formándose galaxias y solo unas pocas generaciones de estrellas se habían sucedido, siendo probablemente bastante diferentes a las estrellas actuales. Las galaxias ya formadas 500 millones de años tras el Big Bang también eran muy distintas en estructura y apariencia a las galaxias modernas que hoy vemos.
Esas galaxias enanas ultratenues, difíciles de observar por su escaso brillo y cuyas masas son tan pequeñas como del orden de una millonésima parte de la masa de nuestra galaxia, se formaron en pequeños halos de materia oscura. Esta es una clase extraña de materia que nunca ha podido ser observada directamente (no emite ningún tipo de radiación) y cuya naturaleza es desconocida. Pese a ello, es mucho más abundante en el universo que la materia normal, de la que está hecho todo lo que conocemos. La presencia de la materia oscura puede deducirse a partir de su influencia gravitatoria sobre la materia normal.














