A partir de su descubrimiento por Wilhelm Conrad Roentgen en 1895, los rayos X se han utilizado para muchas cosas, desde para hacer radiografías en el ámbito médico hasta para realizar controles de seguridad en aeropuertos. Un uso importante de los rayos X en la ciencia es identificar materiales a partir de muestras. Con el paso de los años, la tecnología para hacer eso ha mejorado su eficiencia y la cantidad necesaria de material de una muestra para la detección con rayos X se ha reducido considerablemente. Un papel importante en ello lo han tenido el desarrollo de fuentes de rayos X de sincrotrón y la invención de nuevos instrumentos. Sin embargo, esa disminución de la cantidad necesaria de material de una muestra parecía haber llegado a un límite, con la cantidad más pequeña posible atascada en 1 attogramo, que equivale a unos 10.000 átomos o más.
Este límite viene marcado por el hecho de que la señal de rayos X producida por un átomo es extremadamente débil, de modo que los detectores de rayos X convencionales no pueden utilizarse para detectarla.
Hace tiempo que muchos científicos sueñan con obtener rayos X de un solo átomo, y ahora se ha conseguido.
Un equipo integrado, entre otros, por científicos de la Universidad de Ohio en Estados Unidos, el Laboratorio Nacional estadounidense de Argonne y la Universidad de Illinois en Estados Unidos, ha obtenido, por vez primera en la historia, una señal o firma de rayos X de un solo átomo. Este logro marca un antes y un después en el uso de los rayos X para análisis y abre nuevas e interesantes perspectivas para la ciencia.
Los átomos individuales pueden visualizarse relativamente bien con ciertos microscopios electrónicos, pero sin rayos X no se puede saber de qué elemento químico son.














