A los planetas que no están en órbita alrededor de una estrella ni de ningún otro astro se les llama “planetas sin estrella”, “planetas errantes” o “planetas solitarios”. Sin tener que seguir una órbita en torno a un astro, se limitan a girar en torno al centro de la galaxia. Antes se creía que estos planetas eran una rareza, pero en años recientes ha crecido el convencimiento de que son bastante abundantes, quizá tanto como las estrellas.
Su lejanía a cualquier estrella, y por tanto la falta de luz y calor solares en su superficie, ha hecho que a los planetas de esta clase se les descarte como candidatos a poseer vida. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que es viable un escenario que indirectamente permitiría la vida en las lunas de algunos de estos planetas que las posean.
El estudio es obra de un equipo integrado, entre otros, por Giulia Roccetti y David Dahlbüdding, ambos de la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich (LMU) en Alemania.
Los resultados de esta investigación indican que en torno a planetas errantes puede haber lunas que, con masa suficiente (por ejemplo como la de Titán) sean capaces de conservar océanos de agua líquida durante un periodo de hasta unos 4300 millones de años, casi la edad actual de la Tierra, gracias a poseer una atmósfera densa rica en hidrógeno y experimentar el efecto del calentamiento por mareas. Este efecto es como el que en la Tierra produce mareas en masas de agua por acción de la Luna, pero más intenso, hasta el punto de provocar una tensión mecánica y una fricción significativas en la parte sólida interna del planeta y con ello generar calor suficiente como para mantener en estado liquido mares y otros cuerpos de agua.
Esos 4300 millones de años deberían bastar para permitir la aparición de vida e incluso su evolución hasta cierto punto.














