De todo el universo, la Tierra es el único lugar del que sabemos con certeza que hay vida. En la actualidad, la atmósfera y los océanos de la Tierra son ricos en oxígeno, pero no siempre fue así. La oxigenación del océano y la atmósfera de la Tierra fue el resultado de la fotosíntesis, un proceso utilizado por plantas y otros organismos para obtener energía y nutrientes a partir de la luz, liberando oxígeno en la atmósfera y creando las condiciones necesarias para la respiración tal como la entendemos y la vida animal.
Un conocimiento más profundo sobre la evolución de la atmósfera de la Tierra podría ayudarnos a identificar señales de vida en otros mundos.
Desde hace tiempo se sabe que la Tierra primitiva estuvo marcada por bajos niveles de oxígeno, hasta que dichos niveles en la superficie aumentaron lo suficiente como para permitir la vida animal. Sin embargo, ha existido un profundo desconocimiento sobre cuándo se produjo este aumento del oxígeno, con estimaciones que disienten en más de mil millones de años.
En un intento de esclarecer este enigma, el equipo internacional de Maxwell Lechte, de la Universidad McGill en Canadá, examinó rocas sedimentarias ferruginosas de todo el mundo, existentes en antiguos entornos costeros. Al analizar la química del hierro en estas rocas, los investigadores pudieron estimar la cantidad de oxígeno presente cuando se formaron tales rocas y la influencia que dicha cantidad de oxígeno habría tenido en la vida primitiva, como los microorganismos eucariotas, precursores de los animales modernos.
Y lo que nos dicen esas rocas es que cuando se formaron había en la atmósfera menos del 1% de los niveles modernos de oxígeno. Eso condicionaba mucho el nivel de complejidad ecológica del entorno.
Estos bajos niveles de oxígeno persistieron hasta hace unos 800 millones de años, que es justo de cuando datan los vestigios más antiguos de ecosistemas complejos en el registro rocoso.














