El sector de la construcción es una fuente importante de emisiones de dióxido de carbono (CO2) en todo el mundo, hasta el punto de que, según calcula la Agencia Internacional de la Energía, el 8% de todas las emisiones globales de este gas están relacionadas con la industria del cemento. Por ello, el desarrollo de nuevos materiales y procesos de construcción sostenibles es uno de los grandes retos medioambientales.

 

Un paso notable en la superación de ese reto se ha conseguido ahora con una investigación de la Universidad de Córdoba (UCO) en España.

 

El equipo de David Suescum-Morales ha conseguido dosificar un hormigón a través de un nuevo procedimiento que elimina dióxido de carbono de la atmósfera y que podría usarse para la fabricación de adoquines, bordillos, bovedillas y otros tipos de mobiliario urbano sin armadura de acero.

 

Este trabajo de investigación, desarrollado de forma conjunta en la Escuela Politécnica Superior de Belmez por los grupos de ‘Ingeniería de la Construcción’ (TEP-227) y ‘Materiales y Aplicaciones’ (FQM-391) de la Universidad de Córdoba, ha desembocado en la creación de una nueva receta para elaborar este material con dos ingredientes fundamentales: áridos reciclados procedentes de residuos de construcción y demolición, y agua con gas, básicamente el típico refresco consumido en multitud de bares y restaurantes.

 

Según los resultados de la investigación, el empleo de agua carbonatada, que se utiliza para mezclar y curar el hormigón, y el uso de áridos reciclados consigue capturar un 181% más de dióxido de carbono de la atmósfera, en comparación con cuando se usan áridos naturales y el mezclado con agua convencional. Se trata, tal y como subraya el investigador José María Fernández, uno de los autores del estudio, «de una estrategia pionera que consigue mitigar el cambio climático y que además está basada en el paradigma de la economía circular, en la que los residuos y gases de efecto invernadero se vuelven a integrar en el proceso de fabricación».