«El gueto de Varsovia no tiene cementerio. Los restos de los soldados judíos se han mezclado con los escombros de la ciudad destruida. Las cenizas de sus cuerpos calcinados, con la tierra. No hay tumbas, ni lápidas, ni personas con nombre y apellidos. Ni siquiera hay una breve nota sobre quién era y cómo vivió», escribió Marek Edelman, uno de los líderes del levantamiento del gueto de Varsovia, en 2002.
«Hanka Grupinska crea un monumento. Construye un monumento para cada uno de los soldados. Este es un cementerio de la Organización Judía de Combate. Este cementerio no está formado por zonas verdes, ni por flores, ni por piedras. Es un cementerio de letras, de palabras. Este cementerio estará en la estantería y recordará cada día a aquellos que no tienen tumbas de piedra», decía el prólogo de Edelman al libro «Leer la lista. Relatos sobre los insurgentes de Varsovia de la Organización Judía de Combate».
La autora, la periodista polaca Hanka Grupinska, lleva desde los años 80 recopilando testimonios de los insurgentes. «Quería plasmar los destinos de los combatientes, su vida, y recuperar las biografías perdidas», afirma Grupinska en entrevista con DW.
«He transcrito los relatos de los supervivientes y, a través de ellos, también he conocido los destinos de los fallecidos. A partir de sus relatos, he reconstruido el mundo desaparecido», continúa la periodista. Al hacerlo, subraya que lo que le interesa, sobre todo, son las experiencias de los testigos de la época y no tanto la «verdad objetiva».














