¿Hasta qué punto la conducta de los insectos responde siempre a necesidades materiales básicas como buscar comida, huir de depredadores, refugiarse de las inclemencias del tiempo, aparearse y otras por el estilo? ¿Pueden los insectos decidir hacer cosas que solo les sirvan como diversión? ¿Los insectos juegan? Una investigación reciente con abejorros se ha centrado en responder a esa pregunta.

 

El equipo de Samadi Galpayage, de la Universidad Queen Mary de Londres en el Reino Unido, observó a 45 abejorros en un escenario controlado y les dio la opción de recorrer un camino sin obstáculos para llegar a una zona de alimentación y la opción de desviarse de ese camino hacia zonas con canicas de madera de colores. Estas zonas con canicas no tenían ninguna utilidad, excepto, claro está, la de permitir divertirse a los abejorros si lo deseaban. Estos podían abrazarse a las canicas y hacerlas rodar a su antojo.

 

A través de numerosos experimentos, el equipo comprobó que los abejorros se desviaban repetidamente de su camino para hacer rodar las canicas, a pesar de que no había ningún incentivo material aparente para hacerlo. Desplazar canicas no ayudaba a obtener comida, ni a limpiar, ni a aparearse, ni a satisfacer ninguna otra necesidad material básica. Sin embargo, la repetición de esta conducta sugería que desplazar canicas resultaba gratificante para los abejorros.

 

Se constató asimismo que los abejorros más jóvenes hacían rodar más canicas que los de más edad, una tendencia de comportamiento que también se observa claramente en aves y mamíferos, incluyendo por supuesto al ser humano en el que resulta característico ser mucho más juguetón en la infancia que en la adultez.

 

Se observó además que los machos de abejorro hacían rodar canicas durante más tiempo que las hembras de su misma edad.