Ante el avance contundente del calentamiento global por el efecto invernadero provocado mayormente por la presencia creciente de dióxido de carbono en la atmósfera, investigadores de todas partes del mundo estudian formas de capturar esa sustancia química del aire y almacenarla en el subsuelo. Al margen de si esta estrategia de almacenamiento es lo bastante eficaz o no, una cosa está clara: el dióxido de carbono así sepultado no sirve para nada.
Unos científicos han encontrado ahora un modo de atrapar dióxido de carbono (CO2) y al mismo tiempo aprovecharlo para una función útil.
El equipo, integrado, entre otros, por Nishu Devi y Alessandro Rotta Loria, de la Universidad del Noroeste en la ciudad estadounidense de Evanston, ha ideado un proceso mediante el cual se puede utilizar agua de mar para crear materiales de construcción que son negativos en carbono, o sea que su fabricación y uso absorben más dióxido de carbono que el que liberan.














