Con solo el 2 por ciento de la cubierta de coral duro que queda en el Santuario Marino Nacional estadounidense de los Cayos de Florida, es demasiado tarde para salvar ese arrecife, pero aún hay esperanza para la Barrera de Coral de Belice.
Declarada en parte como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, la Barrera de Coral de Belice es el segundo arrecife de coral del mundo en longitud, solo por detrás de la carismática Gran Barrera de Coral de Australia.
Admirada por Charles Darwin en 1842, la Barrera de Coral de Belice tiene ahora solo una pequeña parte de los corales vivos que tenía en el pasado. Durante mucho tiempo se ha culpado a la sobrepesca de afectar negativamente a este ecosistema de importancia mundial a lo largo de la costa caribeña de América Central. La sobrepesca ha reducido mucho la acción devoradora ejercida por animales marinos contra las algas. La mayor abundancia de estas ha perjudicado a los corales.
Un estudio que es el primero de su clase, realizado por el equipo de Brian Lapointe, de la Universidad Atlántica de Florida en Estados Unidos, aporta ahora pruebas de que la menor presión depredadora contra las algas no es la única responsable de la muerte de los corales en esta barrera de coral y la prueba está en la química. El enriquecimiento de nitrógeno procedente de fuentes terrestres está impulsando de forma significativa el aumento de las proliferaciones masivas de algas en la barrera de coral de Belice y provocando una disminución severa de la cubierta de coral duro. La situación recuerda a la que empezó a sufrir en la década de 1980 el arrecife de coral de Looe Key, en los Cayos de Florida.














