Habitualmente se utiliza al Caenorhabditis elegans, un gusano de un milímetro de longitud, como animal modelo para estudiar la mecanosensación, es decir, la capacidad de los animales de detectar fuerzas mecánicas (como el tacto, la presión o el estiramiento) y convertirlas en señales eléctricas que el cerebro pueda interpretar. Durante mucho tiempo se pensó que las neuronas receptoras del tacto (TRNs), situadas a lo largo de la superficie corporal del animal, solamente percibían de forma pasiva estímulos táctiles simples a medida que estos se producían, para luego desencadenar la correspondiente respuesta evasiva.

Ahora, unos científicos han demostrado que estos receptores también pueden detectar fuerzas dependientes de la velocidad, como la fricción que ejerce la superficie sobre la que el gusano se arrastra. Esto significa que el propio gusano puede generar movimientos para recopilar, activamente, información sensorial sobre su entorno, en vez de limitarse a recibirla de forma pasiva.

La investigación la ha realizado un equipo del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) en Castelldefels, Barcelona, integrado por Aleksandra Pidde, Montserrat Porta de la Riva, Costanza Agazzi, Carmen Martínez Fernández, Alice Lorrach, Neus Sanfeliu Cerdán, Alba Calatayud Sánchez y Michael Krieg, en colaboración con el Centro Internacional de Métodos Numéricos en Ingeniería (CIMNE) en Barcelona y la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), en España.