Desde hace bastante tiempo, se viene investigando en el diseño de ordenadores que utilicen luz (fotones) en vez de electricidad para energizar sus tareas de computación. Estas computadoras basadas en luz tienen el potencial de ser más eficientes energéticamente que los ordenadores tradicionales, además de poder realizar cálculos a una velocidad muy superior.
Sin embargo, un desafío importante en el diseño y la fabricación de computadoras basadas en luz (una tecnología que todavía está en su infancia) es redirigir con éxito las señales de luz microscópicas en un chip con una pérdida mínima de intensidad de la señal. Esto es fundamentalmente un problema de diseño de materiales. Estas computadoras requieren un material ligero para bloquear la luz adicional proveniente de todas las direcciones entrantes y así mantener la intensidad de la señal.
Una clase de materiales candidatos para esta función han sido los cuasicristales, los cuales tienen un orden matemático en su estructura, pero, a diferencia de un cristal, uno que no se repite.
Sin embargo, aunque los cuasicristales pueden bloquear la luz por completo, solo lo hacen desde unas pocas direcciones, o la atenúan desde todas las direcciones pero sin bloquearla totalmente. Por eso, muchos de los investigadores en computación fotónica han seguido buscando materiales alternativos que puedan bloquear la luz que merma la intensidad de la señal.














