Para la lógica cotidiana, parece imposible que pueda generarse luz del vacío absoluto. Y de hecho, en la física clásica se considera que el vacío es la ausencia de materia, luz y energía. Sin embargo, en la física cuántica, el vacío no está tan vacío, sino que está lleno de fotones que comienzan y dejan de existir a cada instante. No obstante, esa luz ha venido siendo prácticamente imposible de medir.

A principios de la década de 1970, el físico canadiense William Unruh propuso que un fotodetector acelerado lo suficiente podría «ver» esa luz fantasmal del vacío.

Ahora Hui Wang y Miles Blencowe, ambos del Dartmouth College en Estados Unidos, han ideado un modo de realizar ese experimento. Ellos pronostican que unas imperfecciones basadas en el nitrógeno en una membrana de diamante que se acelere mucho pueden hacer la detección.

En el experimento propuesto, un diamante sintético del tamaño de un sello postal que contiene los detectores de luz basados en el nitrógeno se suspende en una caja metálica superenfriada que crea un vacío. La membrana, que actúa como un trampolín, se acelera a un ritmo enorme.

La producción de fotones resultante del vacío de la cavidad se potencia colectivamente y pasa a resultar medible, ya que cuando el número de detectores supera un valor crítico, la producción de fotones del vacío experimenta una transición de fase desde una fase normal hasta otra especial que permite realizar las mediciones.

«El movimiento del diamante produce fotones», simplifica Wang. «En esencia, basta con agitar algo con la suficiente violencia para producir fotones entrelazados».